Nueva Modalidad Para Robar En Las Empresas

Por: Víctor Zarza Dávalos

La llamada de engaño, es la nueva modalidad para robar en las empresas implementada por la delincuencia con la finalidad de sustraer bienes inmuebles de un negocio… lo han logrado.

 

—Vigilancia, buenas noches —dijo Ramírez, al descolgar la bocina del teléfono.

—Buenas noches, hijo —respondió el llamante—.  Soy Rubén Garcia, director de la Planta.

Aquella calurosa madrugada de marzo, el oficial cumplía, apenas, su segundo turno, no en el servicio, tampoco en la empresa, sino en la profesión. Por lo tanto, la inexperiencia de un guardia y la pericia de un profesional, fue la combinación perfecta para que aquella llamada telefónica casi tuviera el éxito planeado.

—Dígame, ¿en qué puedo ayudarlo? —ofreció Ramírez, espantado, servicial o simplemente obediente al nivel jerárquico que había escuchado.

—He sufrido un accidente—respondió el sujeto—. Necesito tu apoyo. Estoy en un serio problema.

—Por supuesto. ¿Está usted bien? ¿Qué puedo hacer para apoyarlo?

—Gracias, hijo. Solo sigue mis instrucciones y todo va a estar bien. ¿De acuerdo?

— ¿De acuerdo?

— ¿Tienes teléfono móvil?

—Sí, señor. Tengo el que me proporciona la empresa.

—Perfecto. Dime el número para marcarte.

—Este…

— ¿Qué pasa, Ramírez?

—Lo siento… no me lo sé… soy nuevo en este servicio… disculpe.

—Okey. No te preocupes, hijo. ¿Tienes en que anotar?

—Si. Por supuesto.

—Bien. Anota, por favor… 55……78. ¿Lo tienes, Ramírez?

—Sí, señor.

—Bien, hijo. Repítemelo, por favor.

—Es 55……78.

— ¡Perfecto!  Ahora márcame a ese número y deja abierta esta línea. No cuelgues hasta que nos hayamos comunicado en la otra. ¿De acuerdo?

Ramírez obedeció las órdenes de aquel sujeto, convencido de que estaba haciendo lo correcto, seducido por servir adecuadamente a quien pagaba (indirectamente) su sueldo y satisfecho por ayudar a un ciudadano en problemas. Marcó al número proporcionado, se enlazaron en la nueva llamada y continuaron las instrucciones…

—Por favor, ve a la oficina de Dirección General. Parece que está abierta. Entras y cuando estés en mi escritorio me avisas.

“Sera correcto esto”, pensó Ramírez, mientas se dirigía al lugar. “No puedes entrar a oficinas, el rondín solo se realiza por áreas comunes” recordó las palabras que su compañero saliente le había mencionado hace apenas unas horas. Llegó al lugar indicado, tomo la chapa de la puerta, intentó girarla y se percató de que tenía seguro.

—Está cerrada, señor —le indicó a su supuesto cliente.

— ¡Maldición! Debí haberla cerrado. ¡Rompe la puerta, hijo, no hay problema!

—Pero…

—Haz lo que te digo, Ramírez. Yo te autorizo. Soy el dueño de la empresa.

—Señor… debo avisar a mi supervisor.

—Por favor, Ramírez, estoy metido en un grave problema. El que te paga soy yo. Si no me obedeces te vas a quedar sin trabajo. ¿Tienes familia que mantener, verdad?

—Si… señor.

—Haz lo que te digo. No sabes cómo me ayudas con esto. Te sabré recompensar.

Los 95 kilogramos de peso de Ramírez, combinado con una velocidad de aproximadamente 10 kilómetros/hora, provocaron la fuerza suficiente para que la puerta cediera luego de tres impactos. Aquel guardia, orientado, presionado y a veces motivado por una voz que le hablaba al teléfono, buscó en todos los cajones la póliza… sin éxito.

La llamada de engaño, nueva modalidad para robar en las empresas, consiste en hacer pensar al guardia que busca un documento que nunca va a encontrar, lo que realmente le interesa a la delincuencia, es que los oficiales ingresen a las oficinas de los altos mandos, y una vez ahí, identifiquen objetos de valor para después pasar por ellos a la puerta del negocio.

Ramírez caminó hacia la puerta de salida. Llevaba consigo las llaves de la entrada principal. Bajo su brazo izquierdo cargaba una lap-top, en la bolsa derecha de su chamarra guardaba $10, 000 en efectivo y en la bolsa trasera derecha de su pantalón se notaba un porta-tarjetas en color negro; objetos ocasionales o circunstanciales que en unos instantes más estarían en manos del ladrón. “No está la póliza”, habría dicho el guardia instantes antes en la oficina. “¡Maldición! No te preocupes la tengo en electrónico en mi computadora, tómala, junto con el dinero que tengo y las tarjetas bancarias… pasan en 5 minutos, por favor, entrégaselo a mi familiar” ordenó el delincuente. La llamada de engaño estaba a punto de consumarse. Esta nueva modalidad para robar en las empresas estaba a un paso del éxito. “Sera correcto esto”, volvió a preguntarse Ramírez, a escasos 5 pasos de la puerta de salida. Insertó la llave en la chapa y recordó su anterior oficio de panadero: “Nadie me dijo que le hiciera un hoyo a las donas, era lógico que llevaba; supe que los bizques no se les ponía azúcar desde antes que me lo dijeran, era lógico; no conozco este oficio, llevo dos días en él, pero si aquí también hay lógica…”

—Disculpe, señor.

—Dime, Ramírez —respondió el próximo “dueño” de los valores que llevaba el guardia.

—Creo que sé donde estar su póliza o haber más dinero.

— ¿Cómo?

—Si. Olvide revisar su gabardina.

— ¿Qué dices?

—Si. La que tiene colgada en el perchero.

— ¡Muy bien, Ramírez!… Ve allá y revisas. ¿Cuánto te demoras, hijo?

—Buenas noches, señor director… de otra empresa.

 

La historia antes descrita, es producto de la imaginación. Sin embargo, la llamada de engaño, nueva modalidad para robar en las empresas, ha tenido ya varias víctimas en México. Siendo un cliente de mi actual patrón, una de ellas. En una planta en Nogales, ¡los guardias rompieron 8 puertas!, una planta en Querétaro recibió 4 llamadas sin éxito, mientas que una planta en la ciudad de México reportó la perdida de $50, 000 en objetos de valor que los guardias entregaron a los delincuentes después de haber sido engañados.

Si usted, amigo lector, es guardia, manténgase alerta con esta nueva modalidad para robar en las empresas y evite ser presa fácil. Si es usted, que me hace el honor de leerme, es supervisor o alto mando de empresas de seguridad privada, no dude en orientar a su equipo y evite la penosa acción de buscar quién pagará los daños y pérdidas ocasionadas, me apena decirle que sospecho que una familia de escasos recursos, se privará de un salario completo durante las próximas quincenas. Si es usted empresario, le recomiendo exigir, a la brevedad, de parte de su proveedor de seguridad, un plan de capacitación para sus guardias, sobre este tema.

 

Mi tinta se ha agotado. Requiero una pluma de relevo.

Ing. Víctor Zarza Dávalos.

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